La psicóloga infantil Fernanda Cobos advirtió que, aunque muchos padres y madres creen que ciertos gestos o costumbres son inocentes, pueden abrir la puerta a la violencia sexual contra sus hijas e hijos.
Hablar de sexualidad en casa, de manera clara y sin disfraces, es una de las principales medidas de prevención. Sin embargo, esta protección no depende solo de las palabras, sino también de las acciones cotidianas que, de forma inconsciente, vuelven más vulnerables a los pequeños frente a un posible abusador.
Entre las prácticas que pueden ser un riesgo, la especialista señaló:
- Disfrazar los términos: usar palabras como “pajarito”, “florecita” o “pilín” para referirse a los genitales en lugar de sus nombres reales.
- Minimizar el “no” de los niños: no respetar su autonomía cuando no quieren ser tocados o cuando piden bañarse solos.
- Obligar saludos de beso: imponer contacto físico con familiares o conocidos sin que los niños lo deseen.
- Guardar secretos: normalizar la complicidad con frases como “que no se entere mamá” o recompensar silencios.
- Exponerlos a escenas sexuales: permitir que vean películas o series con contenido sexual que despierta conductas inapropiadas para su edad.
“Nosotros debemos ser ese lugar seguro al que ellos busquen recurrir cuando se sienten en problemas”, subrayó Cobos.
La psicóloga enfatizó que el respeto a los límites, la claridad en los nombres del cuerpo y la congruencia entre lo que se enseña y lo que se practica en casa, son la mejor protección frente a los abusadores.