Uno de los participantes del movimiento estudiantil cuenta cómo él y un amigo sobrevivieron a la matanza, pues parecían miembros del Batallón Olimpia.
El ingeniero Javier Altamirano Ortiz atribuye a sus botas y su corte tipo militar haber sobrevivido a la matanza de Tlatelolco, pues ese día tenía un atuendo similar al de los soldados que entraron a la Plaza de las Tres Culturas, lo que, sospecha, hizo que el Batallón Olimpia no lo reconociera a la primera como uno de los manifestantes.
Su relación con el movimiento no sólo fue ideológica, sino también de logística, ya que él y sus amigos se encargaron de imprimir la propaganda que ninguna imprenta quería hacer por temor a sufrir represalias.
Más de 350 personas fueron acribilladas y más de 2 mil fueron detenidas el 2 de octubre de 1968, de acuerdo con la CNDH
El entonces estudiante del Centro Nacional de Enseñanza Técnica Industrial y sus compañeros encontraron un negocio en el Centro Histórico, donde un empleado les negó el servicio, pero con el afán de ayudarlos les regaló disimuladamente una máquina inservible; le dijo que él la dejaría cerca de la puerta del establecimiento, para que se la llevaran.
Esa máquina los hizo activos en el movimiento, los jóvenes los buscaban para imprimir la propaganda, sólo les pedían el papel, la tinta, dinero para el camión y la torta.
“Imprimíamos para todos los compañeros, porque era muy muy difícil que alguien nos imprimiera y nos hicimos importantes, porque teníamos esa oportunidad de divulgar la propaganda en las fábricas, en los camiones y eso nos dio un cierto nivel, lo cual hicimos con mucho orgullo”, relató.
El 2 de octubre de 1968, Javier llegó a la Plaza de las Tres Culturas con su amigo Aarón, quien tenía un atuendo similar de cabello corto y botas militares, pues ambos estaban en vísperas de haber hecho su servicio militar.