Lo que parecía un viaje normal en la unidad 339 de Torreón a Lerdo terminó en una inesperada parada de emergencia… pero no por una falla mecánica, sino por un olor insoportable que invadió el autobús.
Según los pasajeros, el “aroma” era tan intenso que ni el chofer pudo soportarlo, obligándolo a detener la unidad a mitad de la carretera para abrir ventanas y puertas en busca de alivio.
Tras unos minutos de ventilación, el camión reanudó su ruta, aunque los viajeros continuaron el trayecto con la incertidumbre de si el misterioso responsable volvería a hacer de las suyas.