En la comunidad se ha dispuesto un operativo que incluye la presencia del Ejército y la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, ambos fuertemente armados.
El poblado de Baborigame, en el municipio de Guadalupe y Calvo, Chihuahua, se encuentra totalmente resguardado ante la visita de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo. Todo permanece en calma y paz debido a la seguridad momentánea desplegada en la zona.
En Baborigame se ha dispuesto un operativo de seguridad importante, que incluye la presencia del Ejército y la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, ambos fuertemente armados, debido a que se trata de una zona con altos índices de violencia, incluyendo homicidios, violaciones, tala ilegal, despojo y desplazamiento forzado. Los grupos criminales han encontrado en la explotación forestal un negocio altamente lucrativo.
Como parte de la preparación para la llegada de Claudia Sheinbaum, camionetas del programa Bienestar también deambulan por la región, trasladando a los pobladores al Centro Ceremonial Tepehuano, espacio que tradicionalmente se utiliza para juntas y asambleas ejidales.
Los pobladores señalan una mayor presencia de efectivos policiacos y militares, mientras avanzan hacia el recinto donde fueron citados a las 9:30 horas, y donde se espera la llegada de la presidenta a las 11:15 horas.
Los efectivos estatales se han sumado a las tareas de seguridad, resguardando a una comitiva del Gobierno Estatal y a medios de comunicacióndurante el trayecto desde la ciudad de Chihuahua hasta Guadalupe y Calvo, y desde la cabecera municipal hasta la zona de Baborigame.
A lo largo del camino sinuoso e intrincado, son visibles los rastros de la violencia: casas abandonadas y saqueadas, escuelas sin servicio, y camionetas baleadas e incendiadas. Los grupos criminales mantienen una lucha por el control del territorio.
La violencia ha obligado a cientos de personas a abandonar sus hogares, en un desplazamiento forzado que persiste, obligándolos a buscar refugio en el anonimato en otros poblados y ciudades del estado. Con ese desplazamiento, se pierde la identidad, la vida campesina y, sobre todo, el patrimonio individual y colectivo.