La primera temporada de Narcos: México exploró los orígenes de la guerra moderna contra las drogas, cuando el tráfico de mariguana era manejado por un grupo de cultivadores y comerciantes independientes.
Todo eso cambió con la llegada Miguel Ángel Félix Gallardo (Diego Luna), cuya visión de negocios y poder crearon los cimientos del narcotráfico moderno, colocándolo a la cabeza del Cártel de Guadalajara.
La segunda parte de la serie de Netflix, que estrena este jueves, sigue el ascenso de dicha organización, a la vez que muestra el arranque de la Operación Leyenda, ordenada por la DEA para investigar el secuestro y asesinato de su agente, Enrique “Kiki” Camarena (Michael Peña).
Arrancando semanas después del terremoto de 1985, los nuevos episodios se enriquecen con la llegada de nuevos personajes, cuyo papel sigue siendo clave en la violenta guerra contra el narcotráfico en el país.
Hermanos de cuidado
En las décadas de los 80 y 90, los hermanos Arellano Félix formaron una alianza criminal tan poderosa que lograron ser líderes del Cártel de Tijuana.
Siendo uno de los grupos criminales más sangrientos del País, su impacto en la historia nacional no podía quedar fuera de la segunda temporada de Narcos: México, que les da un mayor peso.
Sin embargo, Mayra Hermosillo (Enedina Arellano Félix) y Manuel Masalva (Ramón Arellano Félix) reconocieron el gran conflicto que fue para ellos interpretar a estos personajes, conocidos por sus actos atroces.
“Fue muy poderoso hacerlo, porque estás representando a alguien que es real y que ha tenido mucha importancia en un cártel que también ha dejado mucho dolor a este país.
“Representó algo con lo que yo tengo cierto enojo, pero tuve que romper esa barrera de encarcelar a una persona como héroe o villano y entender que nos necesitamos escuchar como sociedad”, señala Hermosillo, quien tuvo que tomar terapia para poder interpretar a Enedina.
Ambos histriones coincidieron que el guión fue su gran herramienta a la hora de adentrarse a la mente de estos criminales. Masalva, por ejemplo, tuvo que leer diferentes libros y textos especializados sobre narcotráfico.
“Tuve que investigar todo lo que podía porque es un personaje muy complicado, y por lo mismo no es fácil entrar su psicología”, indica Masalva, quien comparte varias escenas con Alfonso Dosal (Benjamín Arellano).
“Ahora me está enseñando más todavía a reafirmar mi sentido humanitario, mis valores y respeto por la vida. Es duro, pero tenemos que contar la historia”.
Y aunque dicen haber encontrado su lado humano, los actores no buscan idealizar a estos criminales.
“Claro que no quiero que el mundo vea cuál es una manera de cobrarse una venganza, pero es importante saber que no estamos haciendo héroes o payaseando al ser un narcotraficante”.
